viernes, junio 08, 2007

El mundo es un misterio azaroso

"En 1960 o 1961 Paul Auster fue de excursión al bosque. No era el escritor Paul Auster, sino un colegial de 13 o 14 años que se llamaba Paul Auster, pasaba el verano en un campamento al norte del estado de Nueva York y 30 años después escribiría una novela llamada Leviatán. El día que Paul Auster fue de excursión al bosque estalló una tormenta: una tempestad de agua, rayos y truenos envolvió a los excursionistas. Paul Auster recuerda que los rayos caían como lanzas. Los excursionistas atravesaban un bosque: uno dijo que, si se alejaban de los árboles, se encontraban un claro, estarían más seguros. Tuvieron suerte: encontraron un claro aislado por alambre de púas, más allá de los peligros del bosque. Los exploradores se pusieron en fila para pasar bajo la alambrada: ordenadamente, de uno en uno. Entonces le llegó el turno a los exploradores Ralph y Paul. Ya cruzaban la alambrada, primero Ralph, y después Paul, a medio metro de Ralph: justo cuando Ralph pasaba bajo la alambrada, cayó un rayo. Ralph se detuvo y Paul pasó a su izquierda. Paul arrastró a Ralph: que siguieran pasando los exploradores. Se había desmayado Ralph y los rayos caían como lanzas y los exploradores chillaban y lloraba rodeados por la tormenta, y a Ralph se le ponían los labios azules, cada vez más azules, mientras sus compañeros le frotaban las manos frías, cada vez más frías. Cuando la tormenta acabó, los exploradores se dieron cuenta de que Ralph estaba muerto. Si la fila de exploradores se hubiera formado de otra manera, quizá no hubiera existido el escritor Paul Auster. Quizá el explorador Paul Auster hubiera muerto electrocutado, porque hubiera cruzado la alambrada en el lugar del explorador Ralph. O quizá, si no hubiera vivido tan de cerca la muerte del explorador Ralph, no hubiera tenido una idea tan clara de cómo el azar decide de repente la vida y la muerte de las personas, y no hubiera escrito ninguna de las novelas que escribió mucho más tarde. El mundo es un misterio azaroso."



Fragmento del magnífico Prologo de Justo Navarro titulado "El cazador de coincidencias" a "El Cuaderno Rojo" de Paul Auster. También aparece recogido en el libro "Homenaje a Paul Auster" que acaba de publicar Anagrama.

Etiquetas: , , , ,

3 Comments:

Blogger Lord Brithuss said...

Hola master:
Siempre tardo mil años en pasar por aquí, pero cada vez que lo hago aprendo algo. Debería convertirlo en costumbre, que otro gallo me cantaría. Desconocía la anécdota y temo reconocer que no he leído nada de Mr. Auster, aunque si viene avalado por vuecencia, no hay nada más que decir. Procuraré pasar por aquí en breve (Y escribir, que estoy de un perro últimamente...). Salud y buenos alimentos

L.B.

8 de junio de 2007, 23:02:00 CEST  
Blogger El contemplador azul said...

Hola lord
Gracias, como siempre, por su visita. Para este humilde lector todo Paul Auster es muy recomendable y he leido casi todo lo que hay traducido, salvo sus dos últimas novelas que no hay manera de encontrarlas disponibles en las bibliotecas (desde que le dieron el Principe de Asturias es mucho más difícil encontrar sus obras disponibles) y, en general y sobre todo debido a problemas de espacio para el almacenamiento de libros las novelas suelo sacarlas de las bibliotecas, pero si esto sigue así no habrá más remedio que comprarselas, sobre todo Brooklyn Follies.

Por cierto, que si no te animas a leer a Paul Auster, muy pronto estará en nuestros cines su última película, la vida secreta de Martin Frost.

Un abrazo y a disfrutar del verano

12 de junio de 2007, 13:43:00 CEST  
Anonymous Gallifante said...

Con tanto juego en pantalla, la amnésica memoria RAM de mi ordenador está a punto de sufrir un colapso de información.
¡Grande Auster en su Brooklyn Follies, sobre todo el personaje del librero!

23 de junio de 2007, 0:35:00 CEST  

Publicar un comentario

<< Home